sábado, 14 de mayo de 2011

Lisboa, Lisbon, Lisabon...

Me encanta Lisboa. Tengo que reconocer que cuando llegué aquí, hace dos meses y medio, estaba un poco reticente en cuanto a la ciudad. Recuerdos un poco extraños, quizá, (aunque otros muy buenos también), junto con la increíble experiencia de Oporto, hacían que quisiera quedarme en el norte del país y no mudarme al centro.
Sin embargo, esta tarde, dando un paseo con mis compañeras, me he dado cuenta de que la voy a echar mucho de menos.
Es una ciudad llena de contrastes, que te puede sorprender cuando menos te lo esperas por cualquier detalle. Me encanta el centro de la ciudad, que da a la Praça del Comerço; un gran cuadrado que desemboca en el río por un lado, y en una gran calle de tiendas por el otro. Adoro las tiendas típicas, con sus fachadas antiguas, sus escaparates llenos de mil cosas; tan oscuras por dentro y el olor a café escapándose de ellas, invitándote a entrar. Me gustan los lisboetas, tan dispuestos a ayudar siempre que lo necesites, aun cuando no les preguntas por vergüenza a no hacerte entender. Ellos te entenderán, de una manera u otra. 
Y, por supuesto, me encanta el tener la playa cerca, el poder escaparse siempre que se tenga un ratito, el poder olvidarse de todo, hundir los pies en la arena y dejar que todos tus problemas, todas tus preocupaciones, se las lleve el agua. 
Ayer por la tarde me fui con mi compañera a la playa; no debería haberlo hecho, pero era uno de esos momentos en que piensas: "como no haga algo, no aguanto más, no puedo". Llevábamos toda la semana metidas en la oficina, nuestras 7 horas sin hacer nada, y llega un momento en que necesito salir de allí, siento que me ahogo, pienso: "qué hago yo aquí, gastando los ahorros de mis padres, los míos propios, tan lejos pero cerca de casa, sin un futuro, qué voy a hacer después, si no tengo nada, y allí tampoco hay nada, qué hago, qué voy a hacer...".
Pero esa es la "magia" de esta ciudad, que, dentro de ella, puedes salir de este mundo, desconectar de todo, porque es como si hubiese un lugar para cada momento, y todos momentos son inolvidables. Museos, tiendas, el río, un trocito de cesped, el olor de una (de tantas...) pastelería, la playa, el interior, un tranvía, un edificio histórico tan bien conservado, otro en ruinas, un hombre tocando con un saxofón la melodía de La pantera rosa, otro haciendo de hombre invisible, miles de turistas, lisboetas, puestos vendiendo recuerdos, palomas y más palomas por todas partes, terrazas, café, subidas, bajadas, colores, blanco y negro... Todo aquí te puede sorprender.
Vou ter muitas saudades de Lisboa.

lunes, 9 de mayo de 2011

¿Qué pasará?

Ya sólo me quedan dos semanas aquí... Cómo pasa el tiempo! He estado más de un año deseando venirme, y ahora está a punto de terminar. 


Está siendo una experiencia increíble, y es que, por mucho que te puedas imaginar cómo van a ser las cosas, en pocas ocasiones resultan de la misma manera. Me estoy divirtiendo un montón con mis compañeras, a quienes nunca creí que cogería tanto cariño, y, aunque tenga ganas de volver a casa, sé que las voy a echar mucho de menos.




Sin embargo, no puedo evitar preguntarte: ¿qué voy a hacer después? Voy a volver otra vez al inicio, a mi casa, otra vez habiendo terminado unos estudios, y otra vez sin planes... lo que cambia esta vez es que para nada quiero volver a verme en la misma situación: parada.

Ahora que estoy fuera y que estoy viviendo esta experiencia, que estoy viajando y descubriendo poco a poco otras formas de vida, otros lugares, me pregunto: ¿en qué estaba pensando yo antes?, ¿por qué nunca se me ocurrió salir de casa, vivir un poco?. Porque lo pensé muchas veces; recuerdo haber hecho cientos de planes, pero no comprendo cómo al final no llegué a realizarlos. ¡He sido una tonta! Y lo digo con todas las letras, jaja. No hay que pensar y pensar tanto, hay que hacer! No sirve de nada soñar si después no llevas a cabo tus sueños y no luchas por ellos.


Será que ahora mismo estoy muy contenta aquí, pero no creo que vaya a cambiar de opinión con respecto a este punto. Por supuesto, quiero ir a mi casa, y tengo claro que donde esté mi familia, está mi hogar. Sin embargo, mi hogar es mi casa, con mis padres, mi hermana y mi perrita. Pero quiero ser una nómada, e ir donde me vaya apeteciendo, en la medida en la que me lo pueda ir permitiendo.


Hace un rato hablaba con una amiga de que para nosotras es el fin de una era, porque, después de tanto tiempo deseándolo, ella se va también a otra ciudad, a hacer por fin realidad lo que siempre ha querido. Creo que es el fin de una era, pero también el comienzo de otra, y eso es lo bonito, el saber que es un nuevo comienzo, una nueva etapa, y asusta, por supuesto, pero en el buen sentido. 


Como le decía a ella, pueden cambiar muchas cosas, pero hay otras que nunca cambiarán, como el hecho de saber que, pase lo que pase, siempre seremos amigas. También sé que, pase lo que pase, siempre podré contar con mi familia, con mi sis, y creo que por eso ya no me asusta tanto realizar lo que siempre he querido. Me parece que he descubierto algo que tendría que haber sabido hace mucho: que, si algo sale mal, si me caigo, ellos me ayudarán a levantarme. Siempre podré volver a casa, o ir donde mi amiga esté, porque sé que ellos nunca me van a abandonar. Por eso no tiene que asustarnos el levantar el vuelo, porque, si nos caemos, siempre habrá alguien que nos ayude a levantarnos. 


Estoy deseando llegar a casa, pero también tengo ganas de saber qué es lo que voy a hacer, porque, sea lo que sea, sé que no será allí. Ahora lo tengo más claro que nunca: quiero seguir viajando, conociendo mundo, descubriendo qué es lo que hay fuera. Y, como hablaba el otro día con una de mis compis, tenemos suerte de no saber el futuro, porque así todo es más emocionante y divertido. Tengo nervios, pero de los buenos, y estoy deseando saber qué es lo que haré, pero por nada del mundo desearía saberlo antes de que suceda... prefiero sorprenderme :)

domingo, 8 de mayo de 2011

Portugal

Ha pasado ya casi un mes desde la última vez que escribí... pero es que aquí el tiempo pasa volando, literalmente.


Ya sólo me quedan dos semanas y media para terminar! Y parece que fue hace nada cuando nos vinimos aquí, empezamos a instalarnos y a comenzar un nuevo periodo. Bueno, ese periodo está a punto de acabar. 


Tengo que reconocer que hay ocasiones en las que me quiero terminar ya, volver a mi casa y poder descansar un poco. Es normal, por otro lado, porque estamos ocho horas en una oficina, algo que nunca había hecho, y cuesta acostumbrarse, como con todo. Pero después, hay otras veces en las que pienso: "quiero volver a casa, sí, pero sólo durante unos días, y después volver"


Portugal me está sorprendiendo muchísimo. Creo que lo tenemos infravalorado, y que tendríamos que aprender muchas cosas de ellos. Es un país pequeño, pero al mismo tiempo grande, porque es increíble que en tan poco espacio recoja tantos paisajes y tantas opciones distintas. 


La gente también me ha sorprendido, tan amable y educada siempre, dispuesta a ayudar si te ve perdida, e intentando hacerse entender si no hablas portugués. La mayoría hablan inglés a la perfección, pero además saben algún otro idioma (como mínimo), como el español por ejemplo. ¿Cuántas veces habremos ido a Portugal a comer, de compras o de vacaciones, y no hemos sido capaces de pasar del "obrigado"?


Me encanta que los viernes por la tarde o sábados siempre te despidan con un "bom fim-de-semana", y que siempre te reciban con una sonrisa. Es como si para ellos fuese imposible quedar mal, porque, pocas veces alguien te recibirá con mala cara .


Además, van a última en todo: móviles, ropa, viajan todo lo que pueden... No sé si les gusta vivir por encima de sus posibilidades (algo que tendríamos en común con ellos), o es que de verdad pueden permitírselo, pero sólo hay que salir con la calle para encontrarte con algún Porche, alguien hablando por su Blackberry, o alguien que te diga que sus últimas vacaciones han sido a Punta Cana.


Seguiré escribiendo más, sin dejar que vuelva a pasar un mes! :)