Como Portugal está al lado de mi ciudad, creí que más o menos sería parecido el vivir allí en cuanto a costumbres, comida y demás, pero nada más lejos de la realidad. Es cierto que los portugueses se parecen a los españoles en muchos aspectos, pero, en otros, son totalmente diferentes.
Lo primero que me llamó la atención son los horarios de comida. Aquí tendemos a comer tarde, ya que solemos tener dos desayunos, después las cañitas, y, luego ya, vamos a casa a comer. Allí comen a la 1, sin entretenerse, ya que después hay que dormir la siesta en el coche un momento antes de volver al trabajo, o aprovechar para hacer otros recados mientras tanto. La cena, a las 9 como muy tarde. Pero sus cenas no son como las nuestras. Allí se hacen sopas en las que puedes echar de todo: verdura, pasta, carne, huevo... es plato único, claro. O un buen plato de pasta también puede servir. O, como no, el querido arroz, acompañante como guarnición para cualquier plato (sin tomate ni carne... sólo arroz)
En cuanto a salir por la noche, el parecido es relativo. Ocurre como aquí en cuanto a que se sale tarde y la fiesta dura hasta el amanecer, terminando en los famosos desayunos para, después, irse a dormir hasta la tarde. Sin embargo, en Oporto salen, y antes de ir a la discoteca, si es que hay ganas después, uno se sienta, se toma una copa, charla con los amigos... y luego, a bailar. Pero la música también es diferente. Se lleva algo más alternativo, la música es conocida pero no tan comercial. En definitiva... me encantó! Pocas veces salgo en mi ciudad a bailar porque no me gusta lo que pinchan aquí. Sin embargo, en Oporto estaba en mi elemento, y por primera vez pensé: "estoy en mi lugar!".
La forma de vestir no es diferente... del todo. Me refiero a que, no sé en el resto de Portugal, pero allí cada uno viste como quiere: rockero, alternativo, pijo, sport... puedes ponerte lo que quieras, que no te van a mirar raro.Reconozco que este aspecto también me gustó! jaja. Tuve la oportunidad de comprarme mucha (y cuando digo mucha, es mucha) ropa (rebajas, tiendas outlet...) y me encantó poder conjuntarla como me apetecía, sin preocuparme, por primera vez en mucho tiempo, si sería adecuado para ir a clase o para salir de paseo. Cada día al levantarme pensaba: "Qué me apetece llevar hoy?". Dicho y hecho.
En definitiva, Oporto es una ciudad en muchos sentidos parecida a España, pero en otros muchos, es muy diferente, y es en esas diferencias donde está su encanto, donde aprendes a sentirte parte de sus gentes y de sus calles.
Sin embargo, aún me queda bastante por contar: cómo es la ciudad en sí, cómo es su gente... pero eso tendrá que esperar un poquito; de momento, creo que esto está bien para empezar.
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